lunes, 29 de junio de 2015

Kaguya Hime, el cuento del cortador de bambú

Fecha estelar: -307507.2
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En el año 1999 Isao Takahata estrenó Mis vecinos los Yamada (Hôhokekyo Tonari no Yamada-kun), la historia de una familia de clase media japonesa basada en un manga de tiras cómicas de Hisashi Ishii. Lo más relevante de esta notable película es cómo consigue Takahata reflejar la cotidianidad y los sentimientos de las personas con un tipo de animación muy minimalista, aunque en ningún modo sencilla. Catorce años después, Takahata vuelve a la dirección con una película, El cuento de la princesa Kaguya (Kaguya-hime no Monogatari) que recurre al mismo tipo de animación, arriesgado por tanto, pero que muestra una evolución muy notable desde entonces. Desde luego se puede intuir el gran esfuerzo realizado por dibujar esta historia y se debe agradecer enormemente el resultado obtenido ya que es realmente increíble, pura poesía visual.
Curiosamente, en Mis vecinos los Yamada ya nos presentaba Takahata el nacimento de los hijos de la familia basándose en cuentos tradicionales japoneses. Más concretamente en el caso de la hija, Nonoko, que es encontrada por el padre dentro de una planta de bambú, tal como nace la princesa Kaguya en el cuento tradicional japonés en el que se basa la película.
(Véase una entrada anterior sobre el cuento del cortador de bambú aquí).


El nacimiento de Nonoko en
Mis vecinos los Yamada
Desde luego me inclino a pensar que ya por entonces estaba en la mente del maestro el plasmar el cuento en imágenes, pero es que además, ha sido una producción muy prolongada en el tiempo, iniciada en el año 2008 cuando el estudio Ghibli anunció que Takahata estaba produciendo un nuevo largometraje que, finalmente, no ha visto la luz hasta el año 2013.

De entre las películas de Takahata ya es posible decir que, personalmente, hay tres que me llegan  hasta lo más profundo del corazón gracias al don que tiene el maestro en saber transmitir los sentimientos humanos a través de unos "simples dibujos". Primero fue La tumba de las luciérnagas (Hotaru no Haka, 1988) que me parece un relato devastador, una película durísima que muestra como ninguna otra (animada o no) el camino hacia la fatalidad de unos personajes arrastrados hacia una situación que no pueden evitar de ninguna de las maneras. Después vino la, para mí, obra maestra de Takahta, Recuerdos del ayer (Omohide Poro Poro, 1991), que muestra como ninguna la nostalgia de la infancia, el anhelo por revivir en el presente todos aquellos momentos, pero también la imposibilidad de conseguirlo porque somos arrastrados por las necesidades de la sociedad. Y en tercer lugar,  ahora tenemos El cuento de la princesa Kaguya, una película que argumentalmente tiene mucho de las dos anteriores.
Cierto es que, si de partida el espectador conoce el cuento tradicional japonés en el que se basa la película, el cuento del cortador de bambú, entonces sabe que la historia de la princesa Luna, Kaguya, es una historia muy triste. Y cietamente Takahata se desvía muy poco del contenido del cuento.  Pero lo importante es ver, tal como ocurre en La tumba de las luciérnagas y en Recuerdos del ayer, cómo la maestría de Takahata nos mete dentro la historia, cómo es capaz de hacer que el espectador esté dentro de la mente del personaje y llegue a comprender sus sentimientos. La princesa Kaguya, como Seita y Setsuko en la La tumba de las luciérnagas, está abocada hacia un final que no puede evitar, y después de todo su recorrido vital el espectador también llega a vislumbrar, ante la inminencia del destino, que fue su fugaz infancia el mejor momento de su vida. La escena donde Kaguya comprende cómo podría haber sido muy feliz pero que ya es tarde es, simplemente portentosa. Pero su final, a diferencia de Recuerdos del ayer, está sujeto a un destino que Kaguya no puede controlar, que no puede decidir. En Recuerdos del ayer Taeko sí tiene la libertad final para tomar la decisión que nos lleva al culmen de la emoción, en Kaguya Hime el destino está escrito.
Y todo esto lo consigue Takahata con una animación muy arriesgada, portentosa en la expresividad de los rostros, en el movimiento de los personajes, en la forma de planificar y encuadrar las escenas, en la diferente forma de trazar el dibujo. No hay mejor manera de mostrar la ira y la impotencia que la forma de animar y dibujar las dos huídas que tiene la princesa, cuando el trazo se simplifica al máximo. Takahata ya "experimentó" este tipo de trazo en Mis vecinos los Yamada que, por otra parte, es habitual ver en la obra de otros animadores como Bill Plympton o Frédéric Back.

Finalmente destacar la que es primera colaboración entre Joe Hiaishi e Isao Takahata. La música de Kaguya Hime es, como nos tiene habituados el compositor de cabecera de Miyazaki, sobresaliente, sobre todo cuando intervienen las composiciones de piano. Las producciones del estudio Ghibli están muy cuidadas en todos sus aspectos y el caso de la música es un claro ejemplo de ello.

Me resulta del todo imposible llegar a comprender cómo es posible que esta película o también el film de Tomm Moore La canción del mar, nominados al Óscar a mejor película de animación, no ganaran el premio, cualquiera de ellas. Particularmente sitúo ambas películas, El cuento de la princesa Kaguya y La canción del mar,  al mismo nivel, con una animación arriesgada, novedosa, dirigidas a público de cualquier edad, contando historias con mucha profundidad de interpretación,  obras maestras comparadas con la que sí se llevó el premio, Big Hero 6, que simplemente me parece otra película infantil Disney del montón, técnicamente impecable (como no podía ser menos cuando costó nada más que 165 millones de dólares), pero con una historia previsible, moralizante, más simple que una piedra y más manoseada ya que un billete de cinco euros.



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Recuerda, amigo lector, que esta reseña está basada única y exclusivamente en mi opinión y gusto personal que puede, o no, coincidir con la del resto de los mortales.

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